Somos nueve millones de personas en uno de los desiertos más grandes del planeta: Lima. Hoy la demanda de agua en la capital es superior a la oferta. Para el 2040, se estima que seremos más de 13 millones. ¿Cómo solucionaremos este déficit? ¿De dónde proviene el agua para Lima? Ella misma te lo cuenta a continuación.

Ya se van a cumplir cuatro meses desde que aparecí en todos los medios. No saben lo importante que me sentí. Era el centro de atención. Quizás por eso que tienen las ausencias, me di cuenta de lo necesaria e irremplazable que soy para los limeños, porque mi memoria no registra otra fecha en que me hayan invocado con tanta desesperación. En las calles la gente hacía colas por horas solamente para llenar baldes o bidones con el fin de llevarme a sus casas; y en los supermercados, los que más dinero tenían se llevaron litros de litros de mi presentación embotellada.

Es verdad que por ratos salía de los caños, pero cuando no, volvía a ser noticia junto a imágenes de las ciudades inundadas por los huaycos. Entonces, miles me pedían a gritos y exigían que volviese sin entender por qué no podía llegar a sus casas como de costumbre. Como si fuera tan fácil.

Durante esos días bajaba intensamente en forma de lluvia. Estaba en varios lugares a la vez: en Piura, en Lambayeque, en Tumbes, en Ica… Y también caía en Lima, un lugar a donde casi nunca desciendo. Mientras seguía mi recorrido habitual por las quebradas, ocurría también algo desastroso. Empecé a mezclarme con piedras, plantas, desperdicios, y con todo lo que se cruzara en mi camino. Me convertí en lodo. Era tan voluptuosa que llegué a rebalsar de los ríos, inundé casas y cuadras enteras. Lo terrible fue que el lugar que me volvía útil para los seres humanos, en Lima, colapsó con las rocas y los desechos que se infiltraron en mi viaje.

Mi llegada a las bocatomas de Sedapal. Foto: Sedapal.

Evidentemente, no podía seguir mi trayecto en tales condiciones. Y tuve que afrontar las consecuencias: hombres vestidos con overoles de color azul marino, con lentes y cascos que decían Sedapal, tuvieron la misión de prevenir que entrara así a La Atarjea, una planta de tratamiento en la Avenida Ramiro Prialé. Todos decían que estaba muy turbia. Sucia. Impura. Y otras expresiones así de feas con las que se refirieron a mí.

Sedapal, mi madre putativa, es la entidad que se encarga de limpiarme, procesarme y mandarme lista para abastecer a los limeños. Por esos días era muy difícil limpiarme. Algunos la acusaron de ineficiente, otros pronunciaron esa frasecita “cambio climático”, y aseguraron que me quedaba muy poco tiempo de vida.

Pero creo que nadie se puso a pensar en mí. O sea, en quién soy realmente. ¿De dónde vengo? ¿Cuál es la ruta que debo seguir para llegar a tu hogar, sediento lector? ¿Cuánto tiempo me queda? ¿Lima se quedará sin mí alguna vez?

Soy el agua de Lima y esta es mi historia.

 

La ruta del agua

Soy provinciana, pero tengo parientes en todo el mundo. Hasta diría que el planeta es mío, ya que cubro un 75% de la Tierra. Me atrevería a decir que el Perú es uno de mis lugares favoritos: a pesar de que su extensión equivale a sólo el 0,87% de la superficie continental, concentra el 4,6%  de toda mi versión superficial en el planeta.

Mi nacimiento en este país se da a alrededor de cinco mil metros de altura, en la región Junín. Allí, la ingeniería hidráulica ha producido represas o lagunas artificiales como las de Antacoto, con 120 millones de metros cúbicos; Huascacocha, con 48 millones; y las cuatro lagunas naturales de Marcapomacocha que juntas alcanzan 37 millones. Todas ellas funcionan como dispensadores hídricos que permiten que Lima tenga la cantidad necesaria de mí para sobrevivir, gracias a las entusiastas lluvias que caen en la sierra desde diciembre hasta abril, período que los académicos conocen como “de avenida”.

En Antacoto, cerca de Marcapomacocha, me represan para que los limeños tengan suficiente de mi en época de sequía. Foto: Christian Fernández.

En Antacoto, cerca de Marcapomacocha, me represan para que los limeños tengan suficiente de mi en época de sequía. Foto: Christian Fernández.

En este canal me traen desde las alturas de Junín para pasarme por el túnel trasandino para que cambie de curso y bajo por el Pacífico. Foto: Jimena Rodríguez.

Esta envidiable riqueza en recursos hídricos tiene una maldición. Mi distribución a nivel nacional no es equitativa ni mucho menos homogénea. La costa del Perú aloja al 62,4% de toda la población; sin embargo, de la cuenca del Pacífico se obtiene únicamente el 1,8% del agua total del Perú.

Sólo Lima alberga a 9 millones 111 mil personas, según un estudio de 2017 del INEI; sin embargo, hoy la oferta para la capital es insuficiente: casi un millón de personas no cuenta conmigo, según Sedapal.

Para poder abastecer a la capital me tienen que traer desde las alturas, mi lugar de origen, y luego de un largo y cansado viaje a través de canales y túneles desemboco en tres ríos limeños: Chillón, Lurín y Rímac. Este último es el más bondadoso, pues su cuenca transporta el 90% de agua para Lima, pero ¿cómo se logró esto?

Del sesenta al setenta, Lima pasó de alrededor de un millón y medio de habitantes a casi tres millones. ¡Se reproducen rápido!

Al tanto de este incremento poblacional de Lima y de su condición desértica, Sedapal construyó en los años sesenta el Túnel Trasandino, una impresionante infraestructura de 10 kilómetros que desvía mi destino natural, el río Mantaro, y hace que termine en el río Rímac. Deben saber que la capacidad de la cuenca del río Rímac es insuficiente para toda la población limeña, según el ingeniero Gastón Pantoja, coordinador de la Dirección de Conservación y Planeamiento de Recursos Hídricos de la ANA. Cubrir toda la demanda requiere que venga también desde otros ríos.

Así, inicio mi recorrido en las alturas de la sierra de Junín, a través de 40 kilómetros de canales y conductos subterráneos hasta llegar al Túnel Trasandino, donde abandono mi curso natural para desviar alrededor de 205 millones de metros cúbicos de mí hacia la Ciudad de los Reyes.

Pero el problema aún no acaba, allí donde más viven, menos presencia tengo.

El problema es de distribución, obviamente… ¡Poner a más de nueve millones en un desierto! ¡Ja! Mi traslado hacia la capital es necesario porque casi nunca lluevo sobre Lima.

TÚNEL TRASANDINO. Me desvía de Junín hacia Lima. Foto: Luis Palomino

Según el ingeniero de Sedapal, Josué Céspedes, un 62% de las reservas de mí están en la cuenca alta, o sea provienen de Junín. Es un número importante. Estos represamientos datan del año 1964 y estaban a cargo de empresas eléctricas que con mi fuerza producen la electricidad para Lima. Posteriormente su administración fue entregada a Sedapal.

Entonces, llego al Túnel trasandino, construido exclusivamente para mí, me meto por debajo de la Cordillera de Los Andes, desciendo y mi siguiente paradero son los dominios del cerro Milloc, a 3320 metros sobre el nivel del mar. Luego paso por la cuenca de Santa Eulalia, que tiene 15 lagunas con 77 millones de metros cúbicos de mí, y me traslado a la represa de Purucmayo. Finalmente, llego a la cuenca de San Mateo, que reúne naturalmente 48 millones de metros cúbicos de mí.

 

La Atarjea

Es así como me mezclo con toda esta agua y me vuelvo más grande, más potente, más abundante, y quedo lista para ingresar a mi hogar: La Atarjea.

Sedapal almacena 330 millones de metros cúbicos de mí, sólo procedente del río Rímac. Por eso les digo que es el más bondadoso con ustedes. Cada metro cúbico equivale a mil litros de mí, en otras palabras 330 mil millones de litros exclusivamente para Lima.

Aun así no puedo gastarme tan rápido. Por eso tienen que cuidarme y guardarme como reserva para los momentos de sequía. Según el ingeniero Josué Céspedes, de los 330 mil millones de metros cúbicos del río Rímac, 130 mil millones sirven para afrontar eventos de sequía.

En La Atarjea paso por diferentes filtros, me desarenan, me preparan con cloro, y clarifican para estar en óptimas condiciones, y así salir por las tuberías que me llevarán directamente hasta los caños de tu casa.

Es un viaje cansado, ¿no? Pero no es el único que tengo que hacer. El segundo río más importante para darles un poco de mí es el Chillón, este nace en la parte alta del valle del mismo nombre, en un conjunto de lagunas que se alimentan con los deshielos de la cordillera La Viuda, en la parte alta de Canta. Aunque no tengo represamientos, cuento con 28 pozos de mi versión subterránea.

LAGUNA LA VIUDA. Esta laguna abastece al río Chillón. Foto: Luis Palomino

Hoy también me traen del río Lurín, pero en muchísima menor cantidad, ya que es la cuenca más pequeña, ubicada al sur de Lima. Allí, la captación es básicamente de mi versión subterránea, de la laguna La Viuda y de la poca lluvia que cae en verano.

El 83% de lo que captan de mí para Lima se consigue de fuentes superficiales, o sea, de las que hablé hace un rato: lagos, ríos, canales y arroyos. Esto me lo dijo la Asociación Latinoamericana de Operadores de Agua y Saneamiento. Pero Lima también necesita extraerme del suelo. El otro 17% que  Sedapal capta de mí, lo hace de fuentes subterráneas.  Esta explotación se da en casos extremos y situaciones de emergencia, como sucedió con los huaycos del último verano, cuando lo poco de mí que tuvieron fue gracias a que me sacaron del subsuelo. Incluso hay empresas que usan mis refugios subterráneos para abastecerse de mí (¡y a veces ni pagan!).

Y ya es momento de contarles que Sedapal tiene un Plan Maestro, el mismo que agrupa a varios proyectos, como el denominado Marca II, cuyo objetivo es traer más de mí de Junín hasta Huarochirí, como lo indicó el ingeniero Juan Luis Muñoa Borges.

Con esto, sumaremos casi 90 millones de metros cúbicos más de mí, gracias a la construcción de las represas de Pomacocha y Huallacocha Bajo en Junín, que operarán desde el 2020 y servirán para superar el déficit de la oferta.

Sin embargo, hay un detalle que no podemos obviar. La ciudad se expande y cada vez hay más gente que necesita de mí.

Los incrementos poblacionales intensifican lógicamente la demanda de agua.  El Plan Maestro de Sedapal pronostica que, para el 2040, ¡Lima tendrá más de 13 millones  de habitantes! Lo bueno es que los incrementos poblacionales siempre han estado acompañados de un mejoramiento en la oferta de agua (¿se acuerdan de lo que pasó del sesenta al setenta?), y de acuerdo al Plan Maestro de Sedapal la oferta de agua cruda irá en aumento en los siguientes 20 años. Es decir que, para el 2040, los 13 millones de habitantes de Lima contarán con una oferta de mí superior a la demanda.

 

El futuro y sus opciones

Sin embargo, el perjuicio de su incumplimiento sería severo: para el año 2040 habría un 43% de limeños con una demanda de mí insatisfecha.

Pero no sólo el incumplimiento del Plan Maestro podría poner a Lima en un conflicto hídrico. De acuerdo al INEI, por año, un 76% del agua de Lima se gasta en usos domésticos.  La Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass) realizó un estudio en el 2014 y concluyó que el consumo promedio de mí, de parte de un limeño, es de 164 litros al día. Brams Willems, director del Centro de Competencias del Agua, cambia la cifra, sostiene que oscila alrededor de los 250 litros diarios. Por su parte, la Organización Mundial de Salud dice que 100 litros por persona al día es suficiente. Entonces yo me pregunto: ¿por qué ustedes gastan 150% más?

Hace poco, el geógrafo Fabián Drenkhan me contó que en Europa y en Estados Unidos las personas sólo usan, a lo mucho, 120 litros diarios. ¿Por qué los peruanos necesitan el doble de mí? Yo tengo una hipótesis. Rudecindo Vega, presidente de Sedapal, afirmó que en promedio los limeños pagan 3.50 soles por metro cúbico, en otras ciudades como en Barcelona se paga casi 2 euros; lo que equivaldría a más de 7 aquí. Incluso en algunos distritos, donde existen casas y edificios gigantescos y parques enormes, me gastan mucho más. La Sunass indica que una persona de San Isidro consume 366.7 litros al día; un miraflorino, 379.22.

Planta de tratamiento de Sedapal, de allí salgo lista para abastecer a los limeños. Foto: Christian Fernández.

Pero todos los cálculos de Sedapal y de Sunass dejan de ser útiles si en la sierra no llueve. No debemos desestimar los factores climáticos. Ya sabemos que Lima Metropolitana se encuentra en una región árida, sin precipitación. Por tanto, la ausencia de lluvias en la sierra sería fatal. Y no se sabe si en los próximos años lloveré con la misma fuerza para seguir proveyendo a Lima.

Gastón Pantoja, de la ANA, me comentó que desde 1920 la temperatura ha ido variando más, esto ha hecho que la precipitación también cambie, pues a mayor temperatura, más lluvia. ¿Parece una buena noticia, verdad? Pero el futuro es para los adivinos: nadie sabe con certeza si vamos a tener la misma disponibilidad de mí que hoy. No ignoremos el cambio climático.

Pongamos un ejemplo sencillo. Sabemos que me traen desde la sierra porque allí lluevo más. En promedio, más de 7 milímetros por año. Pero esto puede variar. ¿Se acuerdan de los huaycos? ¡Lloví cual diluvio!, pero esta lluvia se esperaba para mucho antes, para fines del año pasado. Como no pasó, hubo menos lluvias en la sierra y por eso menos de mí para almacenar en lagunas, menos reservas para Lima.

Según Fabián Drenkhan, debido al cambio climático se prevé que lloveré más en el norte y menos en el sur; pero en el centro es difícil predecir, justo allí de donde provengo.

Ni siquiera los expertos del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (SENAMHI) lo saben con certeza. Y eso que el SENAMHI cuenta con estaciones pluviométricas en diferentes ciudades del Perú. Estas se encargan de medir la lluvia y registran información diaria. Los datos sirven para calcular cuánto va a llover en los días siguientes o por mes. Pero el largo plazo es incierto.

Si no llueve, ¡agárrense! Según Bram Willems: en caso de sequías, lo que va a pasar es que Sedapal empezará a racionarme para cubrir ese periodo sin lluvias; y serán los usuarios quienes sufrirán más la restricción.

Bram Willems, fundador del Centro de Competencias del Agua. Foto: Concytec.

¿Se imaginan si Sedapal decidiese cuánto de mí les a cada uno? Les diré una cosa: ustedes no están preparados para eso, meses atrás, en verano, estaban todos preocupados, sedientos y sin bañarse.

Esto puede volver a ocurrir, y lo más espeluznante es que no se sabe cuándo.

Aun cuando La Atarjea cuenta con dos grandes reservorios, donde estoy almacenada en caso de que faltase, si me sueltan por las tuberías, sólo tengo para cinco horas de vida. Por eso, es muy importante que aprendas a usarme.

En fin, puedo decirles que Lima depende de las lluvias de la sierra para subsistir. Que la ejecución de los proyectos del Plan Maestro es sumamente necesaria porque la población continuará creciendo. Que no me acabaré en un futuro cercano, pero un hipotético colapso de La Atarjea, como cuando sucedieron los huaycos, la oferta sí se perjudicaría gravemente. Que soy importante.

Me despido recordando lo que dijo Bram Willems. Lima tiene reservas y fuentes de mí, pero si sigue actuando con dejadez en medio de un crecimiento poblacional constante y eventos climáticos extremos, mi déficit empeorará.

Estamos a tiempo de actuar.